Hay casas que se recorren.
Y hay casas que se viven desde el cuerpo.
Casa La Taina nace para una familia que no entiende el lago como paisaje, sino como una forma de vivir. Los fines de semana empiezan en el agua: la lancha, los kayaks, las tablas, los amigos y el verano forman parte de la rutina. El desafío no era diseñar una casa con vistas al lago, sino una casa donde el lago se convirtiera en parte de la arquitectura.
Por eso el proyecto no comienza en la puerta de entrada.
Comienza en la botera.
Ubicada en la cota más baja del terreno y conectada directamente al lago mediante una rampa, la botera permite guardar la embarcación cuando la familia no está y facilita cada salida al agua. Pero, sobre todo, deja de ser un espacio técnico para convertirse en el verdadero corazón de la vivienda.
Aquí conviven el living, la cocina, el comedor y el asador en un único ambiente abierto. Un lugar pensado para llegar mojado, dejar el equipo, prender el fuego y seguir compartiendo el día sin cambiar de escenario. La arquitectura acompaña el ritmo natural de quienes habitan la casa, eliminando cualquier límite entre el deporte, el encuentro y el descanso.
En el otro extremo de este nivel, un medio desnivel resuelve los espacios de apoyo: cochera, cava, lavadero, patio interior y un amplio sector destinado al guardado de vehículos recreativos y equipamiento deportivo, resolviendo la logística cotidiana sin interferir con los espacios sociales.
Desde allí la casa asciende siguiendo la pendiente natural del terreno.
La planta principal concentra la vida cotidiana. Una gran terraza con piscina, fogonero y espacios de contemplación se proyecta hacia el lago, mientras la galería con asador prolonga el estar y el comedor hacia el exterior. El dormitorio principal se orienta al paisaje, mientras que los dormitorios secundarios aprovechan las visuales hacia el frente del terreno, donde el lago vuelve a aparecer desde otra perspectiva.
La última planta alberga dos dormitorios en suite con terrazas privadas. Es el nivel más silencioso de la vivienda, donde la arquitectura se vuelve más contenida y el paisaje adquiere todo el protagonismo.
La materialidad responde a la misma idea que organiza el proyecto. Piedra de la zona, madera, hierro oxidado, carpinterías de madera, muros de revoque blanco bolseado y pisos de cemento alisado construyen una arquitectura de inspiración mediterránea, cálida y atemporal. Materiales nobles elegidos por su capacidad de envejecer con dignidad, integrarse al paisaje y requerir un mantenimiento mínimo.
Implantada sobre un terreno de 589 m² y desarrollada en 463 m² cubiertos, Casa La Taina propone una forma de habitar donde el exterior nunca funciona como un límite. Galerías, terrazas, patios y expansiones conectan permanentemente la vida interior con el paisaje, haciendo que cada recorrido termine siempre en el mismo lugar: el lago.
Porque en Casa La Taina, el lago no es la vista.
Es la puerta de entrada.